De Vido y los Kirchner: una relación que ya tuvo choques

noviembre 13th, 2017

LA NACIÓN/Mariela Arias.-

RÍO GALLEGOS.- “Julio tiene mucho que contar”, deslizó, sugerente, Alessandra Minnicelli, la esposa de Julio De Vido , hoy detenido en Marcos Paz. La frase, con destinatarios ciertos, replicó también en Santa Cruz, y lejos de la sorpresa aquí muchos creen que es el final anunciado de una relación entre dos parejas que nunca llegó a ser de amistad, sino “un contrato político”.

“No pongo las manos en el fuego por De Vido ni por nadie”, había dicho Cristina Kirchner horas antes del desafuero y la posterior detención de su ex ministro de Planificación.

Desde 1991, quizá, los Kirchner y los De Vido no se enojaban tanto entre sí. La diferencia con aquellos tiempos es que la disputa era sólo por un cargo político, ya que había poco pasado en común. En el libro El amo del feudo, el periodista Daniel Gatti detalla cómo fracasó la precandidatura de De Vido a intendente de Río Gallegos para reemplazar al saliente Kirchner, pese a que, según los memoriosos de la época, era el mejor candidato que tenía el grupo comandado por los Kirchner.

Eran tiempos de tormenta institucional, el gobernador Jaime Del Val había sido desplazado por un juicio político y al frente de la gobernación se encontraba José Ramón Granero, quien tenía el aval de Néstor Kirchner y del peronismo renovador.

De Vido había desembarcado en Vialidad Provincial, a propuesta del intendente Kirchner, quien a esa altura ya parecía encaminarse a la gobernación. La entonces esposa de De Vido, Silvia Rodríguez, era la secretaria de Cultura en el municipio local. De Vido daba el perfil de sucesor, sin embargo Cristina Kirchner le bajó el pulgar con un argumento inapelable: “La gente de Río Gallegos no vota a candidatos de otra parte”, en referencia al origen porteño del aspirante a intendente.

Y los Kirchner se inclinaron por Manuel López Leston, el tío de Néstor, quien perdió la intendencia a manos del radical Freddy Martínez. De Vido estuvo alejado de los Kirchner durante meses. Una anécdota repite este presente: “Si me dejan afuera, los voy a dejar pegados”, afirmó De Vido en Puerto Deseado, y mandó el mensaje con un emisario. El mensaje llegó a los Kirchner.

En diciembre de 1991, con la provincia “en llamas” según el diagnóstico oficial, Néstor Kirchner asume la primera gobernación y recibe el mando de Héctor Marcelino García -dos décadas después sería suegro de Máximo-, quien había reemplazado al renunciante Granero.

En la cartera de Economía, el flamante gobernador designó a Julio De Vido. Atrás habían quedado las amenazas y los rencores. Desde entonces sobrevino un cuarto de siglo de éxitos políticos y lealtades indestructibles entre ambos.

Compartir el poder

De Vido se separó y se casó con Alessandra Minnicelli, hoy la figura más inquietante para el kirchnerismo desde que, en diciembre de 2015, dejó el poder y comenzó a ventilarse la corrupción que roza a Cristina.

Los Kirchner y los De Vido eran dos familias que compartían el poder, pero no tanto la vida familiar. “No había amistad, era sólo una relación política”, aseguran fuentes de trato frecuente con ellos.

“Cristina tenía una relación de respeto con De Vido, aunque más distante con la abogada Minnicelli”, recuerda un periodista que cubrió los avatares del kirchnerismo de esa época.

Ahora Minnicelli siente que fue “un gesto inhumano” de la ex presidenta haber dicho que no pondría las manos en el fuego por su marido. La ex síndica general adjunta de la Sigen (2003-2007) cargó, además, contra los diputados del Frente para la Victoria que no defendieron a su marido cuando la Justicia pidió su desafuero para detenerlo.

“Ellos sabían cuáles eran las reglas del juego”, afirma una fuente del entorno de los De Vido, quien desde la cárcel imprime en febriles manuscritos toda la bronca de sentirse traicionado y abandonado por los mismos a quienes él les prodigó lealtad y cuantiosos fondos para obras en intendencias y provincias.

A diferencia de Lázaro Báez, con quien reniega que lo asocien, De Vido deja entrever que puede “hablar”. Esa sola amenaza discursiva, puso en vilo al FPV.

La relación entre De Vido y los Kirchner marcó una época, primero en la provincia y luego en el país. Junto a Carlos Zannini, el ex superministro formaba parte de los dos pilares fundamentales sobre los que se montó el férreo poder kirchnerista.

Pero De Vido respondía a Néstor Kirchner, y tras su muerte perdió la referencia y el poder que como a pocos solía delegar en él el ex presidente. Ahora, sin el respaldo político de Cristina y sin nada más para perder, De Vido advierte que aún no está escrita la última palabra.

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